Website oficial del escritor de horror y poeta Uruguayo Gerardo Bloomerfield

Obra e información sobre el escritor G. Bloomerfield (1974/ not yet).

Bitácora

Los seres humanos expuestos al anonimato rara vez sacamos lo mejor de nosotros sino lo peor. Lo mismo hacemos distancia de por medio. Y esto es por una razón totalmente humana: la ausencia de responsabilidad conlleva muchas veces la ausencia de toda brújula moral. Las redes sociales ponen a un montón de personas en una situación de anonimato lejos unas de otras y seguras de no pagar consecuencias por ninguno de sus actos. ¿Que obtenemos?

El chico tímido de la clase que no se atrevería siquiera a levantar la voz por miedo a que se burlen de su acento o sus defectos del habla, de pronto se da cuenta que puede insultar, amenazar, mentir y robar una identidad sin ningún golpe o bullying de por medio. Y lo hace… y nada sucede. Y queda convencido de que las redes sociales (sea facebook, sea twitter, sea youtube) son una realidad alterna, tal como lo plantea la reciente película de Spielberg “Ready Player One” mucho mas tolerable que el mundo físico.

En esta realidad obviamente encontrará muchos como él, que en base a los mismos parámetros juzgarán sus niveles de valentía, de osadía, de audacia no por acciones reales en el mundo físico, sino por la consecuencia de mover anónimamente los dedos sobre un teclado. En mis años estudiando el comportamiento asocial y antisocial de adolescentes y adultos de bajos recursos con trastornos psiquiátricos en las redes sociales en todos veo el mismo patrón: la virtualidad sustituye a la realidad. Si en un dibujo ellos tienen multitud de mujeres, son admirados como “mujeriegos”: el dibujo no representa la realidad. Mas bien la reemplaza.

Si en un video afirman haber “hecho mierda”a alguna de las celebridades que saborea en esas mismas redes de un dinero y una fama que se extrapola al mundo real (lo cual es obviamente causa de envidia humana) , se le aplaude por “haber hecho mierda”. La humanidad toda fue metida en un videojuego gratuito para que se insulte, ataque, amenace y esconda desde su mas patética soledad para beneficio de un puñado de corporaciones que roba sus datos y los vende como lo demuestra el reciente escándalo de Facebook. Y es que como dice el axioma: “cuando algo es gratis, TU eres el producto”.

El valor de Facebook, de Telegram, de Twitter, de Youtube está nada mas que en los millones de usuarios que afirma tener o aparenta tener. NO importa la calidad de estos usuarios: un usuario, a diferencia de la cosmogonía planteada en la película Tron no necesariamente es una persona con poder sobre programas. Un usuario en esta época es solo un grupo de entre cuatro y 20 carácteres mas o menos, con letras y números. “Xkdp1837” puede ser un usuario… “Mr. Lobo 2020” puede ser un usuario. “Caperucita30540Ag” y cualquier combinación de letras y números que teclee al azar puede ser un usuario, una máscara detrás de la cual podrá decir en determinado ámbito lo que no me atreva a decir con mi nombre y apellido reconocible.

Como todo humano, no usaré el anonimato para hacer el bien , para decir halagos. Los humanos amamos el reconocimiento y si hacemos algo bien odiamos el anonimato: por el contrario deseamos que todos se enteren de lo que hicimos. El anonimato es el contexto sin equa non para la crueldad, la irresponsabilidad, y la violencia. Y las redes sociales lo han provisto de forma irresponsable.

Y de vez en cuando un desadaptado se da cuenta de su propia miseria detrás de un teclado en su pobreza intelectual y social y decide salir a disparar unos tiros a las oficinas de Youtube. O decide linchar a un youtuber o arrojarle piedras a la casa. O decide provocarle un suicidio a alguien. O decide suicidarse y filmarlo. Todo esto es parte de la distopía de seres tremendamente solos, vulnerables que comparten un contexto de software pero no un contexto social u económico con las personas que desean ser.

En lo personal no soy una personalidad de redes sociales. Tengo una página en Facebook, he hecho algunos experimentos en Youtube y me he dado cuenta que no deseo ser un producto de estas multinacionales. A veces saludo o felicito los eventos de algún colega escritor por twitter, o me comunico en la distancia con ellos, o le hablo a una cámara mientras hago ejercicio o anuncio algún evento de mi vida real, en general la publicación de un libro. Pero mi presencia en las redes sociales es la de una visita y no la de un habitante. Y me alegro que así sea.

Como todos los males sobre la tierra, las redes sociales también causan adicción. Y así vemos a multitudes de zombies caminando por las calles mirando las pantallas de sus teléfonos. Multitudes que se pechan entre sí, se llevan columnas por delante, o son atropellados por vehículos cuyos choferes también van cada cinco segundos mirando quién tuiteó qué.  Si te sentís a gusto con este mundo, tal como está planteado te tengo malas noticias: no es sostenible. Como todo formato no sostenible es solo algo de lo que nos reiremos en una década.

Nos reiremos de como muchos estúpidos se pasan insultando a estrellas y personalidades de la vida real escondidos detrás de 10 o 20 usuarios inventados al azar. Nos reiremos de como un adulto mayor español emigrado a Australia larga espuma por la boca porque un joven escritor de horror no quiso ser parte de su network. Nos reiremos como algunos tipos eran capaces de hacer videos de una hora o dos horas de duración para insultarme a mi , y volverlos a subir una y otra vez como si la paz mundial dependiera de ello.  Mi primer libro lo publiqué hace 20 años. Sigue siendo eso: un libro. Nada ha cambiado.  No me arrepiento de haberlo escrito. En el transcurso humano hay historias e historietas.

Si valoras tu vida intenta que sea una historia y no una caricatura. Intenta ser tan real como puedas. Amor real , miedo real, nombre real. Pon distancia entre el monitor que se apaga con un botón y es solo un espejo sin vida y tu persona. Que no te apague la muerte siendo solo eso: un grupo de “usuarios” haciendo nada, un desquiciado furioso por lo que sucede en unas pantallas, un lunático que desea llamar la atención sobre su vida virtual a costa de su vida real.

Tuyo afectísimo

 

Gerardo Bloomerfield.

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