Aquellos otros (1.1)
Posted by Gerardo BloomerfieldApr 25
Sobre la alfombra de lluvia , caminando al viento él sabía de que estaba pensando.
“Es el final del camino”.
Y la pared le respondió: “Si , así es…”
Las paredes no duelen tanto como las puertas pero pesan mas que un recuerdo. Y en ese balde vacío llamado esquina, escupió y su sangre y su saliva y su lluvia se abrazaron al caer en la oscuridad.
Su frente besó el ladrillo, una , y otra vez, , , , y sangre, , besando , golpe,,,, DATE LA CABEZA CONTRA LA PARED IMBÉCIL,, ,, su frente brillo de rojo y compitió con la lluvia,, ,,,, , PEGATE IDIOTA….
- Acá hay una cosa que no tenemos en cuenta tan frecuentemente. Y es que estos tipos al sentirse encerrados no atacan. Las ratas atacan cuando se sienten encerradas, pero estos tipos no.
- Estos tipos son como ratas. Están por todas partes pero solo los vemos en la basura o cuando nos muerden.
Su idiota frente besó la pared con mas pasión que aquella vez en que en una esquina alumbrada por la vida besó a su primer ¿cómo era la palabra?
Novia, si , besó a su novia.
Y ella se puso roja, y cayeron unas lagrimas al suelo.
Y ella se puso virgen, y …
… la sangre manó y el dolor, era lo de menos. La sangre impresiona mas de lo que duele, se siguió golpeando. En un balde llamado esquina como aquel , envolvió en aluminio un pedazo de aquello que todos fuman y se lo trago de a humo en humo.
Y ahora la lluvia quería enseñarle lecciones. Era el fin del camino.Un callejón con pared. Con una sola salida. Si tuviera ojos en la espalda, los hubiera visto caminando hacia él. Armados de sudor y trozos de vidrio empañados por la piel.
- Hay un detalle a tener en cuenta, y es que el tomar un trozo de vidrio como puñal genera heridas a quien lo sostiene. Esto lo vuelve doblemente peligroso porque la sangre de quien hiere es un factor de contaminación que logra infectar a quien es herido…
- Si el trozo es de espejo es peor. Es como hundirle la realidad en la carne a la víctima.
- Completamente de acuerdo esta vez.
El adicto se golpeaba la cabeza contra la pared del callejón aquella noche de lluvia mientras aquellos otros se acercaban. Punto.
Se dio vuelta con una herida profunda en la frente que la lluvia lavó y los increpó:
- ¡Ya está! Les debo, si… les debo dinero, pero me deben la vida. Me sacaron la vida, ¿entendés?
- Aún no…
Uno de ellos se acercó y fue quien le colocó el inyectable en medio del pecho sin que se resistiera. Cayó sobre sus rodillas.
-¿Con uno solo alcanza señores?
- Coloquemos los otros dos por si acaso…
Sintió un picotón en cada sien. Dos inyectables mas , y sus venas se llenaron de calma y dolor.
Se dobló sobre su estómago y cayó dándole la espalda a la pared.
- El doblarse sobre su estómago no fue un detalle menor , porque el estómago no se dobla…
- Excepto por el hambre.
- Nuevamente de acuerdo.
Aquellos se fueron claro, como siempre. Y cuando vinieron las convulsiones comenzó a rodar por el suelo húmedo aunque ya había parado de llover.
La pared lo detuvo , esta vez a ras del piso.
Y le sirvió de apoyo. Y se levantó.
Y ya no sangraba. Ni sentía mas que un deseo: el comer. Comer la comida mas cercana que alguien pueda tener, la comida con la cual nacemos en la boca.
Mordió su lengua. Una vez, fuerte , y estalló como una bolsa de tinta. Mordió dos veces y se partió. Masticó el primer pedazo y se hicieron dos. Y cuando llegaron a diez trozos la lengua dejó de ser.
Y caminó tambaleante viendo el amanecer. No sentía las sienes ni el pecho hinchado. No sentía mas que hambre. Y miedo.
Se cruzó con algunas personas: lo miraron con la piedad que nadie merece sufrir. Quería morderlos pero les temía.
- Si si. Se ven horribles, pero yo apoyo al gobierno. ¿Qué podés hacerles sino? Fijate que…
Las voces quedaron atrás.
Se asomó a cada tarro de basura que encontró de camino y los revisó con los ojos y los dientes. No tenía palabras ni apuro que ofrecer.
Cuando la calle terminó un enorme mar, con el sol recién nacido reflejado le rompió la vista y se cubrió con una bolsa de plástico recién encontrada.
Dio la espalda al sol y camino de vuelta hacia la seguridad de alguna pared.
Se pechó con alguien mas que corría.
Y otros que lo corrían , implacables con aquellas jeringas en la mano.
Pero ya no podía recordar la noche anterior: su mente quedó castrada de recuerdos . De esperanzas ya era estéril.
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